por Vicente Gómez Bretón
Dice un viejísimo tango que veinte años no son nada, pues te diré entonces, cuando para quien esto escribe, han transcurrido 32 años, sí, 32 larguísimos años que tuve la satisfacción y la honra de conocer, ese rinconcito suriano que se llama TUXTEPEC.
Llegar a esa población, recorrer sus calles conocidas, asombrarme del progreso y construcción de otras calles y avenidas, maravillarme ante un imponente boulevard, llena de emoción a este viejo corazón, que tuvo la dicha de vivir momentos gloriosos, pletóricos de vitalidad. A cuestas un bagaje de ilusiones de aquellas criaturas, de aquellos niños que empezaban a respirar el aire inigualable de la juventud.
Aquellos niños, aquellas niñas, estos adolescentes, los otros un poco avanzados en su edad, ojos brillantes, cuerpos esbeltos, sin que en sus corazones, ni sus almas, llegara a alojarse un ápice de ese materialismo que poco a poco, pero inexorablemente invade nuestro espíritu.
En ese recorrido por esas calles tuxtepecanas, hacen que vuelva en mi pensamiento a escuchar los pasos firmes, fuertes de aquellos hombrecitos, mis soldaditos como los califiqué siempre que los veía desfilar, actuar, presenciar con gallarda postura el izamiento o el descenso de nuestra gloriosa Enseña Patria. Aquellas muchachitas, deslumbrantes como flores, candorosas, brillantes, esparciendo el inapreciable perfume de su juventud, pero elegantes, tambien orgullosas, llevando con su paso la ternura de la mujer, su coquetería y su ánimo de imponer su presencia femenina.
De ahí llegar a lo que antiguamente fué el nido de las águilas, donde el caldero del futuro forjó aquel material indestructible, firme, lleno de vitalidad, aquel nido de águilas, abandonado, mutilado, olvidado, aquel recinto orgullo de la Cuenca del Papaloapan, deshecho. La gloriosa escuela TECNICA INDUSTRIAL Y COMERCIAL NUMERO 41, ahí estaba. La madre amorosa, herida, enferma, inerme, deshecha, olvidada. ¿Qué pasó con ella? ¿Quién o quiénes fueron sus destructores? y a quien recurrir, a quien pedirle que esa alma mater vuelva a recobrar su fortaleza, pero..... será posibe?, y aquellos que orgullosamente llevaron en sus frentes el orgullo de ser sus hijos. ¡Aquéllos hombres y mujeres de hoy! ¿Será posible que no recuperen ese momento?. Revivirla para que sea honra y pro de nuevas generaciones tuxtepecanas.
¡Quién sabe!. Me fuí retirando poco a poco, aquel orgulloso instructor y conductor de la juventud tuxtepecana de 1961, llevaba el corazón contrito, escurriéndosele lágrimas de tristeza, de impotencia, en momentos me enardecía, en momentos pensaba en regresar y luchar arduamente por recuperar esa gloriosa escuela, que como madre olvidada, este año y quien sabe cuantos más, no tendrá la alegría de escuchar las voces de sus hijos, no recibirá las flores de los éxitos, no saboreará los manjares de las generaciones, de las nuevas generaciones.
MATER ADMIRABILIS, MADRE INOLVIDABLE.... ESCUELA TECNICA INDUSTRIAL Y COMERCIAL NUMERO CUARENTA Y UNO.
Este escrito fue publicado en la revista OPINION-ES Año 2 No. 5 en 1994 y revela lo mucho
que el Prof. Bretón amaba a la ETI41.
lunes, 18 de febrero de 2008
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